Muchas veces me preguntan si tengo algo escrito sobre los problemas de fertilidad que tenemos con mi marido. Y lo cierto es que nunca lo escribí, si bien he entretenido e informado a muchos con mis pericias de este camino tortuoso (o torturoso… Si existe el término).

Así que aquí va mi experiencia.

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Había una vez una pareja que se quería mucho y que decidió tener un hijo. La mujer (yo) dejó las pastillas, visitó a su ginecólogo y le avisó sobre los planes, empezó a tomar el complemento vitamínico prenatal, se alimentó mejor, y hasta redujo el insumo de alcohol. Como no fumaba ni tenía otros vicios (salvo comprar libros y CDs en Amazon) todo indicaba que con el tiempo, la cigüeña llegaría con un hermoso bebé.

Pasaron 3 meses… Pasaron 6 meses más… Se acercaba el año de búsqueda y nada. Yo decía que era porque estaba muy estresada, terminando la carrera, con la tesis, cambios en mi trabajo… Una mujer sabe bien dos cosas: como cargar con la culpa y con la responsabilidad, cuando se trata de ser mamá o estar en el intento.

Ambos nos sometimos a exámenes: por supuesto que los mios fueron como 10 y de lo más variados, mientras que mi marido solo entregó una muestra de esperma. Resultado: no ibamos a poder concebir un hijo sin ayuda de la ciencia.

Parte tecnica (saltear si no hay interés)

Hay varios niveles de infertilidad, con sus diferentes tratamientos y complejidades… El nuestro se llevaba varios niveles por arriba. Estabamos en la crème de la crème: ICSI – alta complejidad con manipulación de ambos gametos. Una reverenda cagada… Pero como me dijo mi abuela en un sueño (ella me visita bastante cuando necesito fuerzas): «ya te dieron el bastón, ahora vas a tener que aprender a caminar con esa ayuda».

Y acá empieza el camino jodido… Con el diagnostico abajo del brazo y varias carillas de resultados de exámenes, nos fuimos a Buenos Aires. Empezamos por ahi porque las estadísticas no mienten y allá ven muchos mas casos. Además, a la clínica que acudimos (Cegyr) tenia un microscopio muy potente que iba a ser muy util a la hora de elegir los ovulos y los espermas de mejor calidad. Fuimos a la entrevista una tarde de enero y el doctor nos explico los detalles del tratamiento que se repitió a lo largo de los 5 años y medio que nos llevó tener éxito y que yo lo separo en 5 etapas.

Etapa 1.  Yo iba a tener que tomar pastillas para regular el ciclo menstrual, luego de la menstruación de ese período iba a arrancar con dosis de medicación (subcutánea e intramuscular) por aproximadamente 15 días. Al mismo tiempo desde que empezara a tomar las pastillas iba a tener que darme Clexane (un anticoagulante por una condición en mi sangre), y también cada 3 días mas o menos iba a tener que sacarme sangre para que el Doctor fuera evaluando los niveles hormonales. A esto también le agregaba ecografias cada 5 días al principio y casi a diario al final de esta etapa.

Etapa 2. Una vez alcanzado el tamaño necesario de los ovulos, iba a someterme a la aspiración folicular. Esto consiste en una intervención en quirófano, con anestesia, pero ambulatorio. A través de un catéter por via vaginal van rompiendo tejido muscular hasta llegar a los ovarios desde afuera del utero (para no dañarlo). Una vez ahi aspirarían los folículos de cada lado. En total esta intervención lleva unos 40 minutos: te preparan en la camilla y te sacan bastante dignidad (estribos, manos atadas y la bendita anestesia que te saca de ambiente), luego entra el doctor y hace la intervención en si que son unos 5 minutos nada mas, y luego el post operatorio hasta que recobras una vez mas la conciencia con menos dignidad con la que entraste.

Al mismo tiempo mi marido daba la muestra de esperma en fresco.

Etapa 3. El embriologo (encargado de la magia de la fecundación artificial) se encargaría de unir los folículos maduros extraídos con los espermas mas sanos encontrados.

Etapa 4. La espera de saber cuantos huevos se fecundaron para saber cuantos embriones en cultivo se encuentran.

Etapa 5. La transferencia de embriones. La etapa de mayor ilusión de todas! Se da unos 3 o 5 días después de la fecundación. Y esto lo aprendi en mis ultimas experiencias de ICSI: los embriones fecundados viven los primeros 3 días con la energía aportada por cada uno de los gametos. Al día 4 y 5 se transforman en blastocitos que son embriones con muchas mas celulas y que vive por sus propios medios. La transferencia también se hace a través de un catéter que si lo insertan dentro del utero y lanzan a los embriones ahi adentro. Lleva unos 5 minutos y no se usa anestesia y tu pareja te acompaña. Luego reposas unos minutos en una sala, y te vas a tu casa a hacer reposo absoluto por 24 horas y reposo relativo por 3 días. A partir de allí, podes hacer vida normal o, como hacia yo: me quedaba de licencia en casa hasta que a los 12 días realizaba el examen de sangre para saber si estaba embarazada: Beta.

Continua el cuento…

Así que 2 uruguayos, con mucha ilusión, arribaron a la Capital. Habíamos alquilado 1 departamento tipo monoambiente en Recoleta, para poder hacer paseos cortos en un lindo lugar. Ibamos en la última etapa, todos los días a extraerme sangre. El pobre enfermero me reventaba las venas, y les juro que tengo venas del tamaño de lombrices. Pues el hombre me las reventaba y a mi me re dolía. Por lo que sumé una miseria mas a mi experiencia, lidiar a diario con este tipo que me reventaba los brazos y me los dejaba llenos de moretones.

Finalmente llegó el dia de la intervención: muchos nervios, mucha ansiedad, mucho llanto la noche anterior. Daniel me había dado la ultima inyección indicada, el día indicado a la hora indicada, así que tenia a mis huevitos (10) en estado maduro, listos para ser aspirados. llegamos a la clínica, me hacen pasar una habitación y me dicen que me desvista y me ponga el «poncho» quirúrgico para que vinieran luego a buscarme. Me desvisto, y me pongo el «poncho». Dicho poncho no me tapaba la cola, entienden??? Así estaba yo esperando. Desnuda, con el poncho ridículamente corto, la gorra y los zapatones azules. Y me vinieron a buscar CAMINANDO! WTF?! Si, walking. Fui caminando, semi desnuda, con un poncho que me dejaba ver las nalgas, hasta la sala de operación. Quien no quiere ser humillada, 2 platos. Llego a la sala, me acuesto, y el anestesista me dice en tono porteño: «qué bronceada que estas» (era marzo). Lo miro seria y le digo: «sacame de ambiente YA».

La siguiente vez que abrí los ojos estaba al lado de Daniel, seguía desnuda, pero tapada con varias frazadas. En eso se abre la puerta y yo le digo a Dani: «Tell that man to go away», en serio, en ingles. Y se lo repito de nuevo enojada. Y escucho sin entender porque seguía drogui, que él le dice: «No se preocupe doctor, ya se está despertando». A los 5 minutos un señor, marido / pareja o similar de alguna otra mujer en mi misma condición de post operada, entra al cuarto y le pregunta a Daniel: «esa es Laura?» – «NO», dice él, «esta es la mía». Jajaja. Muy bizarro todo.

Nos volvimos al departamento con un sabor dulce amargo. Yo sintiendo que mis huevitos estaban fuera de mi control y tutela. Pero al mismo tiempo, estaban siendo fecundados por primera vez. Tremendo…

Esa tarde nos avisaron cuantos habían fecundado y nos iban a ir reportando el proceso hasta la transferencia en día 3.

Lo cierto es que en Buenos Aires generamos 4 embriones de muy mala calidad. Y el microscopio no se pudo usar por el material entregado. Transfirieron 3 pero no hubo embarazo. El 4to embrion no llegó al 5to día en probeta, así que nos quedamos de nuevo en cero.  ¿Qué rescato? Lo positivo: fue vivir en Buenos Aires 10 días, en un apartamento en Recoleta, para no tener que mandar los resultados de sangre y ecografia via email desde Montevideo, y porque me sentía mas segura, luego de todo el esfuerzo físico, anímico y económico, si estos exámenes los hacia la clínica Cegyr. Lo negativo: que la familia (extendida, entendiendose: núcleo cercano, amigos, primos y almacenero) supiera que estábamos en este proceso. Porque luego tener que dar el negativo como noticia no fue fácil. Pero eso lo dejo para otra entrega…

No tengo nada que reprocharle a la clínica. Los doctores nos trataron muy bien. Pero yo le había puesto muchas ilusiones y mucha esperanza al tema. Estaba segura (una pelotuda) que si me llenaba de buena onda, amor y contención todo iba a salir bien. Lo cierto es que no. Toda la garra que le puse al recibir el diagnóstico , a cargar con los exámenes, a someterme al tratamiento, me rebotó con igual fuerza pero negativamente. Entré en un estado de: «no puedo recibir otro negativo ahora así que no quiero seguir con otro tratamiento». Lo «ideal», si es que hay una situación ideal en este mundo infertil, es hacer uno atrás del otro, como cincha poroto, para ir limando los errores, recalcular las dosis de medicamentos, y así ir haciendo un historial de prueba y error hasta dar con las dosis optimas para traer un bebe al mundo. Pero yo no podía. Estaba triste, muy triste y desgarrada. Recuerdo muy bien el dolor que sentía. Dolor viceral, dolor en el alma,dolor y  angustia. No podia hacer otro tratamiento. Así que lo charlamos con mi marido y nos tomamos el resto del año libre. Fue una especie de año ciego, donde yo no podia tocar mi realidad para nada. Hice como si no existiera (mentira que  ni yo me la creía), pero creo que fue muy necesario. Me di tiempo para procesar, llorar, madurar y ganar fuerzas para volver a empezar. Porque los que me conocen saben que no soy de largar la toalla. Siempre es importante hacer lo que necesitamos hacer. Y después de este otro fracaso, necesite no hacer nada….

 

 

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